Primer especial

lunes, 23 de abril de 2012

Chicocas. Acabo de terminar este y me dije para que hacerlas esperar cuando ya lo he terminado. El hiatus aún esta en pie. Esto ya lo tenía bastante avanzado. Hasta el 6 de mayo :)










E special 1.



Fue una tarde de abril cuando Jung Yunho, de apenas 22 años de edad, lo supo.



Supo que iba morir.



Que le restaba a lo mucho un año más de vida. Trescientos sesenta y cinco días que iniciarían su cuenta regresiva ni bien abandonara las instalaciones del lúgubre hospital en el que se trataba.



Y aunque a decir verdades la noticia supo dejarle la mandíbula en el piso.



Yunho estuvo muy lejos de experimentar algún tipo de sufrimiento por el veneno que recorría silenciosamente su cuerpo. Podría decirse incluso que de alguna manera...se sentía agradecido.



Los escasos meses que le restaban por sobrevivir se resumían a 12.



Apenas 12 más en los que batallar con la anarquía de su nación y la hambruna de su pueblo.



No tenía padres.



Había sido abandonado a las puertas de la catedral con apenas 3 meses de nacido, como muchos otros. Y aún cuando había cumplido la mayoría de edad hace mucho, no había formado familia. Cada vez quedaban menos mujeres y las que habían se resguardaban en las iglesias de la desesperada población masculina.



Ya que los hombres no eran bienvenidos en los centros de oración, no después de que cumplieran los 14 años.



Y dada la hambruna y la falta de trabajos la gran mayoría de ellos se enlistaba en el ejército...o simplemente se quitaba la vida.



Aunque las últimas dos para Yunho siempre habían significado lo mismo.



Era sabido por todos que los más jóvenes eran usados como carne de carnada.



Y tenía bien presente que su generación era probablemente la única que quedaba.



Yunho vivía del robo.



Tenía un cuerpo atlético y consistía en su única forma de hacerle llegar algo a su famélico estómago cuando se daba la oportunidad.



Las calles de parís eran un infierno y solo un loco hombre adinerado o uno muy borracho, se atrevería a poner un pie en ellas sea a la hora que fuera.



Pero ahora que su futuro se tornaba de esta manera.



Decidió que no pasaría sus últimos meses de vida robando las migajas del pan que a algún otro se le caían. A lo menos en el ejército te proveían de alimento.



Y esa era quizás la mayor razón por la que los hombres se enlistaban masivamente.



Es así como dos mese después vestía el uniforme militar y gracias a las muchas habilidades que poseía le mandaban en uno de los barcos a la guerra contra Rusia que acababa de estallar.









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Su famélica garganta ardía.



Necesitaba enterrar sus colmillos y consumir la sangre de alguno de esos humanos pronto o se volvería loco.



Pero estaba muy débil.



Tenía varios huesos rotos y por la escasez de alimento vital en su organismo, estos no sanarían pronto.



Youngwoong se apoyó en el gran y musgoso árbol a sus espaldas respirando a bocanadas por entre sus filudos colmillos.



Si se movía correctamente no necesitaría de mucho esfuerzo para arrancarle la cabeza a tres de ellos por segundo.



Los contó desde su posición allá arriba.



Había unos trece. Supervivientes de guerra supuso al verlos uniformados.



Ok, punto en contra. Sabían cómo defenderse.



Pero ¡hey! aun contaba con el elemento sorpresa. Él tenía colmillos y capacidades que desafiaban la imaginación.



Su cabeza se inclinó a un lado mientras maquinaba como abordar la situación.



Podría atacar al chico más alto y corpulento primero. Inmovilizar al que estaba enfrente. Y desnucar al más próximo de la derecha antes de que pudiera darse cuenta siquiera.



Podría también romperle los huesos al de la izquierda y alcanzar con sus garras al pelirrojo de su costado.



Para ese momento, quizás, ya los otros ocho estarían en alerta.



Así que tendría que esconderse entre el bosque para evitar un contacto directo. No en sus condiciones.



Probablemente tendría también que refugiarse en lo alto de los disparos ciegos que se desatarían producto de la desesperación.



Alargaría la espera hasta que dejaran de disparar y hubieran gastado prácticamente todas sus cargas.



Y ahí iniciaría el segundo asalto.



Se tiraría en picada.



En su actual estado inmovilizaría a lo mucho a seis de ellos, y siete era todo lo que necesitaba.



Así que cogería al bajito pero corpuloso moreno, que restaba, de espaldas, le rompería el cuello en cuestión de segundos. Y se abalanzaría sobre su verdadero objetivo.



El de piel más morena, cuya esencia le dilataba las pupilas de solo imaginar el delicioso manjar escarlata que corría por sus venas y arterias.



Luego los demás podrían irse por mucho a la mierda.



Youngwoong sonrío.





Deberían sentirse agradecidos de la misericordia que les tendría – pensó.





O al menos hasta que sintiera hambre de nuevo y volviera para banquetearse a un par de ellos.



Pero los segundos pasaban y sus zafiros dorados solo analizaban con frialdad la pequeña discusión que tenía lugar.



El líder, o el que se había autoproclamado como tal, discutía con su cena acerca de la posible existencia de alguna fuente mineral.



Y los demás le respaldaban.



El grupo no debía separarse y estuve solemnemente de acuerdo con ellos aún cuando ni siquiera se imaginaban lo que le esperaba.



Pero el tal Yunho insistía.



Que de nada les serviría morir juntos, lo que irremediablemente sucedería si no iban en busca de agua y alimento.



Punto que también tenía mucho sentido, a decir verdades.



Pero no pareció convencer al puñado de soldados que solo susurraban entre ellos y criticaban con la mirada sin atreverse a hablar.



El moreno se cansó de pedir después de algunos minutos.



Y se aventuró a dejar el grupo e ir en busca de agua. Y aunque dejó en claro que no le molestaría alguna compañía nadie le siguió.



Su olor le golpeó las vías respiratorias por una corriente de aire y su faringe se contrajo de sed.



Los ojos amarillos del vampiro brillaron con curiosidad.



Saltó de un árbol a otro hasta que al fin sus botas tocaron la tierra húmeda de aquel bosque.



El humano siguió adentrándose en el bosque deteniéndose de tanto en tanto para observar los troncos de los árboles y dejar unas marcas que trazaran el camino de vuelta, sin saber que no volvería a recorrerlo.



Media hora de caminata después localizó un lago.



Las comisuras de sus labios se curvaron mientras tiraba su cuchilla a un lado y se quitaba las ropas para zambullirse, dejándose a total merced del vampiro detrás de él.



¿Cuánto le tardó tener la punta de sus colmillos sobre la epidermis de aquel humano?



Un segundo.



Quizás dos.



Yunho no tuvo tiempo ni para lanzar un grito.



El alarido murió en su propia laringe.



Y el miedo le contrajo las vísceras.





“Hola,” una voz rasposa le saludó contra la piel de su cuello.





Intentó zafarse.



Le fracturaron la muñeca como castigo.





“No quiero hacerte daño, así que no me obligues a hacerlo,” le dijo la voz de nuevo.





Los ojos del soldado exploraron sus vías de escape.



Youngwoong profirió una carcajada.





“No va a ser tan fácil,” se burló, “sino tuviera tanta hambre quizás me divertiría contigo un poco pero lastimosamente no es el caso.”





Youngwoong le dobló aún más la muñeca y el sonido gutural que abandonó la garganta del humano le hubiera puesto la piel de gallina a cualquiera.



La criatura le tenía atrapado. No podía moverse a voluntad. Y luchaba enrabietado con sí mismo.



Las frías manos ajenas le tocaban.



Más que de alguna forma morbosa.



Sorprendidas.



Como si analizaran cada pequeña curva de su fornido cuerpo, embelesado.







El olor que desprendía le sofocaba.



Apretaba las mandíbulas con fiereza para no lanzarse contra los músculos de ese cuello moreno. Porque no quería degustarlo solo una vez.



Y tenía la certeza de que en el pequeño instante en el que sus colmillos tuvieran contacto con su torrente sanguíneo no dejaría de alimentarse hasta haberle absorbido la última gota.



Sus manos le tomaron del pelo sin cuidado y le tiraron la cabeza hacia atrás.



Yunho gruñó del dolor y la indignación.



Sus ojos se clavaron desafiantes en los indiferentes amatistas del vampiro.



Y en ese pequeño instante...el mundo se detuvo.





...by Kimmy_lin.




Bliss...

domingo, 22 de abril de 2012


Esto va escrito como la yo real. La que tiene mil y un problemas estúpi-bobos
justo ahora y se desahogó un poco escuchando Camila. Ya modificaré
las etiquetas a lo que escribe esta niña –huye–

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Y quieres gritar, saltar, bailar; aún cuando sea bajo el caluroso sol de verano, ese que aunque maldito por miles significa sonrisas para ti.



Y quieres gritar, saltar y bailar mientras tus dedos sienten las texturas sublimes porque tu alma se siente completa.



Tu vida...



En un para siempre suspirado sobre tus oídos, algo que puedes visualizar etéreo a costo de un puñado de palabras porque las crees ciertas simplemente porque es quien las dice...alguien especial para ti.



Y entonces gritas, saltas y bailas...porque crees sentir dicha.



Y la dicha al fin cree sentirse en ti.




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Ok, lechugita vuelve a su realidad e-e!